Las caídas en personas mayores son uno de los problemas de salud más frecuentes en la tercera edad. Más allá del golpe inicial, una caída puede desencadenar lesiones, pérdida de autonomía, miedo a moverse e incluso cambios emocionales que afectan al bienestar general. Por eso es fundamental entender por qué ocurren, cómo prevenirlas y qué hacer si se producen.
Según datos del Ministerio de Sanidad, aproximadamente 1 de cada 3 personas mayores de 65 años sufre al menos una caída al año. En el grupo de edad de 80–85 años, este porcentaje puede llegar hasta cerca del 50%, lo que convierte las caídas en uno de los principales motivos de pérdida de autonomía en la vejez.
Por qué se producen tantas caídas en personas mayores
Las caídas son consecuencia de una combinación de factores. Los cambios físicos asociados a la edad, como la pérdida de fuerza muscular, la disminución del equilibrio y los reflejos más lentos, aumentan el riesgo de perder la estabilidad. A esto se suman condiciones médicas como la artrosis, el Parkinson, la demencia o la pérdida de visión y audición, que dificultan la movilidad y la percepción del entorno.
Los factores ambientales también tienen un papel importante. Un suelo húmedo, una alfombra mal fijada o una iluminación insuficiente pueden desencadenar accidentes. Incluso el calzado inadecuado puede convertirse en un riesgo.
Además, el miedo a caerse (especialmente después de un accidente previo) hace que la persona se mueva con tensión e inseguridad. Esa rigidez altera la postura y aumenta aún más la probabilidad de caer.
Consecuencias de una caída
Los efectos de las caídas en personas mayores pueden ser físicos, funcionales y emocionales. Las fracturas son habituales, pero incluso sin lesión visible, la caída puede generar una pérdida significativa de confianza. Muchas personas limitan sus movimientos por miedo, lo que reduce la actividad física, disminuye la autonomía y puede aumentar el aislamiento social. Por eso, cada caída debe verse como una oportunidad para intervenir y reforzar la seguridad.
Cómo prevenir las caídas en personas mayores
La prevención requiere una visión global que incluya la salud física, el entorno y el acompañamiento. Estas son algunas de las medidas más efectivas:
- Revisión médica periódica para valorar visión, audición, articulaciones y equilibrio.
- Evaluación de la medicación para evitar efectos secundarios como mareos o somnolencia.
- Actividad física adaptada para mejorar fuerza, coordinación y estabilidad.
- Gimnasia diaria supervisada para reforzar la musculatura y mantener la movilidad.
- Adaptación del entorno: buena iluminación, eliminación de obstáculos, pasamanos y superficies antideslizantes.
- Uso de calzado cerrado y antideslizante para evitar resbalones.
- Supervisión durante actividades de riesgo, como ducharse o levantarse de la cama.
- Acompañamiento emocional para reducir el miedo a moverse tras una caída.
Para conocer otras herramientas que ayudan a prevenir caídas y mejorar la autonomía, te recomendamos leer nuestro artículo sobre fisioterapia geriátrica en personas mayores, donde explicamos cómo trabajamos estas rutinas en Catite.
Señales de alerta que indican mayor riesgo de caídas
Estas señales ayudan a detectar cuándo una persona mayor podría necesitar supervisión adicional o cambios en su entorno:
- Mareos frecuentes o sensación de inestabilidad al caminar.
- Dificultad para levantarse de la cama o de una silla sin apoyo.
- Cambios bruscos en la postura o pasos cortos, inseguros o arrastrados.
- Uso reciente de un nuevo medicamento que cause somnolencia.
- Visión borrosa o necesidad de acercarse demasiado a objetos.
- Tendencia a agarrarse a muebles o paredes para desplazarse.
- Historial de una o más caídas en los últimos meses.
- Expresiones de miedo, inseguridad o rechazo a caminar solo.
Identificar estas señales a tiempo permite actuar antes de que ocurra una caída.
Qué hacer si una persona mayor sufre una caída
Actuar correctamente después de un accidente es fundamental. Lo primero es mantener la calma y observar el estado general de la persona. Si hay dolor intenso, deformidad de alguna extremidad, mareos persistentes o pérdida de conciencia, no se debe mover y es importante solicitar atención sanitaria inmediata.
Si no hay indicios de lesión grave, se puede ayudar a la persona a levantarse de forma progresiva, con apoyo y sin movimientos bruscos. En las horas siguientes conviene observar si aparece dolor, inflamación o dificultad para caminar. En una residencia, además, se registra el incidente y se revisan las condiciones del entorno para evitar que vuelva a suceder.
Cuidamos la seguridad y el bienestar de tus mayores
En Catite, trabajamos cada día para prevenir las caídas en personas mayores y garantizar su bienestar. Nuestro compromiso va más allá de la seguridad física: también cuidamos la tranquilidad emocional de las familias, ofreciendo acompañamiento cercano, comunicación constante y un entorno diseñado para que cada residente se sienta protegido.
Si buscas un lugar donde tu ser querido esté bien atendido y protegido frente a los riesgos habituales de la tercera edad, te invitamos a conocernos. Estaremos encantados de mostrarte cómo trabajamos y qué hacemos para mantener a nuestros mayores seguros cada día. Contáctanos y ven a visitarnos cuando quieras.

